Sigue la batalla por las patentes CRISPR

Por Lluis Montoliu, el 14 septiembre, 2020. Categoría(s): edición genética • ética • historia de la ciencia • política científica • Premio Nobel ✎ 3
A la izquierda: artículo de las investigadoras Jennifer Doudna y Emmanuelle Charpentier, publicado en Science online el 28 de junio de 2012, y aparecido en la revista el 17 de agosto de 2012, en el volumen 337, páginas 816-821, en el que por primera vez se propone usar el sistema CRISPR-Cas9 de bacterias como herramienta de edición genética. Centro: dibujo esquemático de un sistema CRISPR-Cas9 prototípico, descrito por Doudna y Charpentier, cortando el ADN en doble cadena y guiado por un sgRNA (esquema realizado por Lluís Montoliu, CRISPR-CNB web site). A la derecha: artículo publicado por el grupo de Feng Zhang en Science online el 3 de enero de 2013, y aparecido en la revista el 15 de febrero de 2013, en el volumen 339, páginas 819-823.

La penúltima batalla de la guerra abierta que mantienen el Instituto BROAD del MIT en Boston (MA, USA), que representa los intereses del grupo del investigador Feng Zhang [BROAD], y el consorcio liderado por la Universidad de California en Berkeley (CA, USA), junto a la Universidad de Viena y a la investigadora Emmanuelle Charpentier, que representa a sus intereses junto a los de Jennifer Doudna [UCB], por la titularidad de las patentes sobre el sistema CRISPR-Cas9 de edición genética, se ha librado esta semana pasada.

El PTAB (la Junta de Apelaciones y Juicios sobre Patentes) de la Oficina de Patentes de EEUU, dictó una sentencia el 10 de septiembre de 2020, de nuevo decretando que el grupo del BROAD tiene la prioridad para sus patentes (ya adjudicadas) que permiten el uso de las técnicas CRISPR en células eucarióticas (incluyendo su uso en terapias para fines biomédicos). Pero, y esta es la novedad, en un acto salomónico, la misma sentencia también declara que UCB tiene ventaja en la invención de uno de los componentes fundamentales del sistema CRISPR: el sgRNA o guía sintética o simple de RNA, que fue una de las propuestas originales de Charpentier y Doudna en su artículo en Science de junio de 2012. Esta sorprendente decisión, que parece repartir éxitos a las dos partes contendientes, en liza desde 2012, no ha dejado contentas a ninguna de ellas.

La justificación (como ya describí profusamente en un capítulo de mi libro Editando genes: recorta, pega y colorea) es que aunque Doudna y Charpentier depositaron la patente y publicaron su artículo antes de que Zhang demostrará el uso de CRISPR en células eucarióticas (en un artículo en Science en Enero de 2013, 8 meses después), lo cierto es que aquellas no demostraron en su artículo de verano de 2012 que el sistema funcionara en células eucarióticas (aunque sí diseñaron y mostraron por vez primera la «guía» sgRNA, como combinación de sus dos componentes originales: crRNA y tracrRNA).

La Oficina de Patentes de USA otorgó a principios de 2014 la patente CRISPR al BROAD, y ello catapultó la presentación, a finales de 2015, de una reclamación por interferencia (a su patente) presentada por UCB. Esa demanda la ganó el BROAD en febrero de 2017 aunque el tribunal de apelación dictaminó que el uso de CRISPR en células eucarióticas y otros usos del sistema CRISPR eran invenciones separables, y patentables, respectivamente por el BROAD y UCB, algo que no satisfizo al UCB, empeñada en obtener la titularidad única de la patente CRISPR, que llevó el fallo a la Corte Federal y volvió a perder la apelación.

UCB planteó entonces una segunda demanda de interferencia y el tribunal de apelaciones volvió a comparar las peticiones de prioridad del BROAD y de UCB sobre quién aportó la primera evidencia de uso del sistema CRISPR en células eucarióticas y, de nuevo, no ha aceptado la demanda de UCB y ha vuelto a dictaminar que la prioridad la tenía el BROAD. UCB puede volver a pleitear y reclamar prioridad (seguro que lo hará) pero deberá aportar nuevas evidencias que la justifiquen. Se anticipan citaciones de Zhang, Doudna y de muchos estudiantes e investigadores que deberán discutir, con sus cuadernos de laboratorio en mano, en qué fecha hicieron qué experimento. Por el contrario, BROAD, satisfecho con las decisiones del tribunal, inteligentemente ha emitido un comunicado en el que dice esperar que UCB abandone los pleitos y que se dediquen a trabajar conjuntamente para que el uso de los sistemas CRISPR sea todo lo abierto y accesible a todos quienes quieran usarlo.

Sorprendentemente la situación es inversa en Europa, en la que la Oficina de Patentes Europea, que aceptó inicialmente la prioridad del BROAD, se la quitó y concedió finalmente a la UCB, que es de facto quien manda en el uso de sistemas CRISPR en Europa. Esta situación kafkiana ha llevado a que cualquier institución que quiera usar la tecnología CRISPR y opere en EEUU y en Europa deba subscribir DOS y no UN acuerdos de licencia no exclusiva, tanto con el BROAD como con UCB (representada por Caribou o la empresa creada ad hoc para tal fin en Europa: ERS Genomics).

En EEUU el consorcio UCB, a quien ya se ha reconocido prioridad en el diseño de la sgRNA, no se ha quedado satisfecho y seguirá batallando hasta que el tribunal de apelación dictamine que son ellos, y no el BROAD, quienes merecen ser reconocidos con la prioridad de uso del sistema CRISPR en células eucarióticas (tildando el experimento del BROAD como algo perfectamente obvio y deducible tras la publicación de su artículo en Science en junio de 2012). Sobre la obviedad en las patentes escribí hace algún tiempo en este blog, y de ello también se ha ocupado Jacob S. Sherkow, uno de los especialistas en patentes biotecnológicas más conocidos, que también ha publicado al respecto.

Tal y como dice Sherkow, la situación actual está como sigue. Es probable que UCB en su nueva reclamación sea reconocida como prioritaria en el diseño de la guía, sgRNA, pero si esto es así el BROAD no perdería su patente CRISPR en células eucarióticas, o, en el peor de los casos, debería compartirla con UCB. Por el contrario, si UCB vuelve a perder se quedaría sin nada, ni guía, ni células eucarióticas, ni nada de nada. Recomiendo leer este hilo en Twitter de Sherkow para poder apreciar la intricada complejidad de todo este proceso.

Gráfico preparado por la revista The Scientist en julio de 2019 (incompleto) que muestra la evolución del número de patentes CRISPR presentadas a lo largo de los años.

Recordad que las primeras patentes fueran depositadas en 2012, hace 8 años (quedan 12 para aprovechar la fase comercial protegida de las mismas, antes de que expiren y se conviertan en públicas). Naturalmente hay miles de otras patentes CRISPR posteriores, sobre aspectos técnicos menores, sobre nuevas Cas, sobre nuevos trucos metodológicos, que progresivamente extenderán partes de esta protección durante años. Probablemente no esté claro quién está ganando en esta guerra, pero yo sí que tengo claro quiénes estamos perdiendo: todos.

El que toda la libertad de creación y aplicación que disfrutamos en el mundo académico con las herramientas CRISPR no pueda trasladarse sin innumerables problemas a la utilización industrial de las mismas, con un paisaje de patentes claro y con seguridad jurídica, creo que está lesionando y lastrando gravemente el campo de aplicaciones de la edición genética, a todos los niveles. Ambas instituciones tienen opiniones enfrentadas sobre el curso temporal de los acontecimientos, tal y como se puede ver, consultando el timeline que presenta la UC en Berkeley, y el timeline de los mismos acontecimientos que presenta y resalta el BROAD.

El BROAD y el consorcio UCB harían bien en sentarse de una vez, acordar las condiciones para un disfrute repartido de las regalías por el uso de estas técnicas y dejar que el resto de empresas se dedicarán a investigar e innovar con estas herramientas CRISPR, sin que tengan que pensar en pagar primero enormes minutas a ejércitos de abogados para empezar a usar estas tecnologías, y sin necesitar subscribir múltiples licencias no exclusivas, en lugar de una sola, robusta y fiable, para cubrir todos los frentes.

Pero mis esperanzas en este sentido van languideciendo. No aprendemos. BROAD y UCB llevan 8 años pleiteando y no parece que ninguna de las dos partes dé su brazo a torcer (¡Pleitos tengas…!). Tal tozudez puede tener implicaciones mayores, incluso probablemente en Estocolmo, donde no suelen estar interesados en premiar técnicas que están enzarzadas en batallas legales. Resulta triste y preocupante descubrir que una buena parte de las esperanzas de que alguna vez se reconozca el mérito de Francis Mojica con un Nobel, por ser el primero en proponer que los sistemas CRISPR bacterianos son un sistema de defensa frente a los fagos (de lo que se deriva toda la tecnología posterior de CRISPR como herramienta de edición genética), residen en despachos de abogados de las costas este y oeste estadounidenses.



3 Comentarios

  1. Es escaliofrante el relato.Me hace recordar la serie estadounidense «La Ley y el Orden»,donde los culpables aparecen de manera sorpresiva y desconcertante.Leí un twitter hace poco donde comparaban el otorgamiento de este premio como si se lo hubieran entregado a alguien que inventó un barómetro muy preciso,pero no a Torricelli,que fue quien lo inventó.¿Cómo en la serie,se habrá extendido una mano peluda de las patentes hasta Estocolmo?Es solo una conjetura.

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