Los salmones transgénicos llegarán por fin a la mesa… en EEUU

Por Lluis Montoliu, el 5 julio, 2020. Categoría(s): genética • historia de la ciencia • transgénesis ✎ 5
Un salmón transgénico AquAdvantage® (detrás) junto a uno de sus hermanos no transgénicos de aproximadamente la misma edad. El salmón AquAdvantage crece el doble de rápido que sus hermanos no transgénicos y llega en la mitad de tiempo al tamaño óptimo para ser comercializado. Fotografía de Paul Darrow para The New York Times.

En unos meses se venderán en EEUU los primeros salmones transgénicos para su consumo, producidos en piscifactorías de la empresa AquaBounty en Indiana. La que debería ser una noticia biotecnológica que abriera los medios de comunicación estos días probablemente pasará desapercibida, soterrada por toda la infodemia relacionada con la COVID-19. Este es un anuncio esperado en la comunidad biotecnológica desde hace muchos años, tantos como 31.

Pongamos esta noticia en perspectiva.

Imagina que tienes una idea para aumentar el ritmo de crecimiento de los salmones en las piscifactorías (las piscifactorías producen anualmente 2,5 millones de toneladas de salmón, los principales productores son Noruega, Chile, Reino Unido y Canadá, y, en general, las piscifactorías son responsables de producir más del 50% de todo el pescado que consumimos). Imagina que se te ocurre esa idea genial para, mediante una sencilla modificación genética, duplicar la tasa de crecimiento del salmón y conseguir que llegue al tamaño de comercialización en la mitad de tiempo (18 meses, frente a los 36 meses que tarda un salmón no transgénico en llegar al mismo tamaño), consumiendo menos recursos (menos harina de pescado). Imagina que haces todos los test y pruebas imaginables, durante más de 20 años, para demostrar que la única diferencia existente entre el salmón transgénico y el no transgénico es, precisamente eso: su ritmo de crecimiento. No existen diferencias organolépticas (sabor, textura,…) ni variaciones en la composición de la carne del salmón, ni existe ningún problema para consumir este producto de la biotecnología. Imagina que también realizas todas las pruebas en cuanto a bioseguridad, que confirmas que la producción de estos animales es sostenible y segura para el medio ambiente también, garantizando más allá de lo razonable, que es prácticamente imposible cualquier escape, mediante la introducción de múltiples barreras geográficas (piscifactorías en tierra, alejadas del mar y de cualquier río o lago), físicas (medidas redundantes de seguridad y múltiples barreras para acceder a las instalaciones), reproductivas (solo produces hembras, no produces machos) y genéticas (los animales son triploides y, por lo tanto, estériles). Incluso en el supuesto de que hubiera algún escape los estudios realizados y la propia FDA indican que no habría un impacto significativo en el medio ambiente. Imagina que finalmente consigues la autorización oficial para producir y vender estos salmones transgénicos.

Ahora imagina que todo esto empezó en 1989 y que la empresa detrás de este sueño de la biotecnología, ha tenido que esperar 31 años para poder llevar su producto biotecnológico a la mesa del consumidor… en Estados Unidos de América. Increíble ¿no? Impresionante diría yo. ¿Qué empresa es capaz de esperar 30 años sin poder colocar su producto en el mercado? ¿Cuántas rondas de inversores tendrá que haber organizado, suscitando expectativas interesantes, para mantener viva la confianza y contener la impaciencia de los sucesivos consejos de administración? Esto ha sido lo que ha tenido que afrontar AquAbounty durante todos estos años.

En Europa, con regulaciones y decisiones habitualmente contrarias a los avances biotecnologicos, todavía estamos mucho más lejos de lograrlo. Tendremos que contentarnos con leer estas noticias en los periódicos y esperar a poder realizar algún viaje a EEUU para degustar el primer animal transgénico autorizado por la FDA, apto y seguro para el consumo. Muy posiblemente el alimento más seguro, y el que ha sido más analizado y supervisado de todos los que llegan a nuestras mesas. Y esto parece que va a ocurrir en EEUU este próximo otoño.

Esta es la historia de una idea que tardó 31 años en convertirse en realidad. La historia de los salmones transgénicos (que tienen ahora el nombre comercial de AquAdvantage®, producidos por la empresa AquaBounty) se remonta a 1989. Fue entonces cuando nacieron los primeros salmones transgénicos realizados con una construcción génica muy ingeniosa, «all fish» (todo pez), indicando que todos sus elementos genéticos provenían de otros peces similares, sin la inclusión de segmentos genéticos de otros animales no relacionados. La publicación de estos resultados no tendría lugar hasta 1992, hace 28 años. Los investigadores reportaron aumentos muy significativos en las tasas de crecimiento, entre 2 y 13 veces la tasa de crecimiento normal. Hace algunos años ya expliqué la biotecnología que hay detrás del salmón transgénico AquAdvantage® y comenté en detalle todas las visicitudes que estos investigadores y productores habían tenido que afrontar y padecer hasta conseguir la autorización para su producción para el consumo, que no llegó hasta el mes de noviembre de 2015.

Ante la inminencia de la llegada de estos primeros salmones transgénicos a los supermercados de EEUU resumo a continuación los elementos biotecnológicos más importantes que hay detrás de estos salmones transgénicos AquAdvantage®, una idea fantástica y segura que ha tardado demasiado tiempo en cristalizar, y que ha tenido que luchar contra colectivos que ferozmente se han opuesto a los avances biotecnológicos, sin evidencias científicas que sustentaran sus opiniones, y que seguramente seguirán presionando para dificultar la comercialización de estos salmones.

Esquema del transgén «todo pez» opAFP-GHc2 que portan los salmones transgénicos AquAdvantage® producidos por la empresa AquaBounty. Esquema realizado por Lluís Montoliu.

El transgén que se microinyectó en embriones de salmón atlántico (Salmo salar) en 1989 se denominó opAFP-GHc2 y estaba formado por tres fragmentos de ADN, todos derivados de otros peces. En primer lugar el promotor se obtuvo del gen que codifica la proteína anticongelante (AFP) de un pez bentónico del océano Atlántico llamado Macrozoarces americanus, que en inglés se conoce como Ocean pout. Este promotor dirigía la expresión de un cDNA (copia completa del ARN de un gen convertida a ADN gracias a la transcriptasa inversa) del gen que codifica la horma del crecimiento del salmón del Pacífico (Oncorhynchus tshawytscha), que en inglés se conoce como Chinook salmon. Finalmente esta contrucción génica incluía un terminador transcripcional igualmente derivado del gen AFP de Macrozoarces americanus.

El gen de la proteína anticongelante AFP se activa con el frío y permite a estos peces sobrevivir en aguas gélidas, por debajo de la temperatura de congelación, sin congelarse. Actúa como un anticongelante natural para estos animales. Aquí se aprovechan solo los elementos reguladores del gen AFP para que activen la expresión del gen de la hormona de crecimiento del salmón del pacífico cuando hace frío. La genial idea es aprovechar este truco genético para mantener un aporte constante de hormona del crecimiento durante todo el año. En general, el salmón atlántico solamente crece en los meses cálidos de primavera y verano, cuando activa su propio gen de la hormona del crecimiento. Pero en otoño e invierno este gen se desactiva y el animal deja de crecer. Con este transgén, precisamente en los meses fríos de otoño e invierno es cuando se activa la producción de esta segunda fuente de hormona del crecimiento, aportada por el gen del salmón del pacífico. Y así se consigue que, durante todo el año, exista suficiente hormona del crecimiento para permitir un aumento de tamaño sostenido que permite reducir el tiempo necesario para alcanzar el tamaño comercial de 36 a 18 meses, la mitad del tiempo, con menos costes de alimentación (un 25% de lo que costaría alimentar a los salmones no transgénicos), lo cual representa un enorme beneficio biotecnológico.

Naturalmente estos salmones han tenido que hacer frente a campañas difamatorias terribles que tildaban a estos animales de «frankenfish«, y la FDA recibió más de 1,8 millones de cartas oponiéndose a su aprobación, que finalmente ocurrió en noviembre de 2015. Ha habido un montón de ruido interesado y poderosos lobbies que han influenciado a los políticos que debían tomar decisiones al respecto (por ejemplo, los productores de salmón en piscifactorías tradicionales de Alaska vieron amenazado su modelo de negocio por una empresa que sería capaz de poner en el mercado salmones en la mitad del tiempo que ellos y con un ahorro considerable de los costes de producción) y se han vertido muchas mentiras que se han repetido muchas veces con la intención de influir negativamente en la opinión de la sociedad americana, frente a iniciativas que desmienten tales temores y riesgos con evidencias científicas y datos que corroboran la seguridad, para los consumidores y para el medio ambiente, de la producción de estos salmones transgénicos. Hasta que la FDA puso fin a estos debates en noviembre de 2015, concluyendo que estos salmones transgénicos eran totalmente seguros para ser consumidos, tan seguros como sus congéneres no transgénicos.

Tras aprobarlo la FDA Canadá también aprobó la comercialización de estos salmones y, ya en 2017 se anunció que la AquaBounty había vendido las primeras 4,5 toneladas de salmón AquAdvantage® en Canadá. Estos primeros salmones provenían de la piscifactoría que la compañía situó en Panamá, que fue autorizada por la FDA. tras haberse producido los huevos estériles (triploides) en una instalación de la compañía en la Isla del Príncipe Eduardo, en Canadá. Pero para la producción en EEUU todavía tendrían que esperar los consumidores a que se habilitara y autorizara una nueva piscifactoría en Indiana. que fue aprobada por la FDA en 2018. Es desde esta piscifactoría de donde provendrán los primeros salmones transgénicos AquAdvantage® que ahora podrán venderse en los supermercados de EEUU.

El salmón es uno de los animales que ofrece el mejor factor de conversión de comida. Por cada kilogramo de comida usada para alimentar a los salmones se obtiene un kilogramo de salmón. En comparación son necesarios dos kilogramos de comida por cada kilogramo de pollo, y nada menos que diez kilos de comida por cada kilo de carne de vaca, una de las especies animales con peor factor de conversión. La piscicultura del salmón también es respetuosa con el agua dulce utilizada. Se necesitan 9o0 litros de agua por kilo de salmón, pero son necesarios 3500 litros para un kilo de arroz, o hasta 15000 litros de agua por kilo de carne de vaca. Finalmente la huella de dióxido de carbono que deja el cultivo de salmón es diez veces inferior que el derivado de la producción de carne de vaca (2.9 kg de CO2 por kg de salmón producido frente a 30 kg de CO2 por kg de carne de vaca).

La necesidad de producir comida para una población mundial creciente se doblará para 2050, cuando se espera llegaremos a 9000 millones de seres humanos sobre el planeta, según la FAO.  La agricultura, la ganadería y la piscicultura tradicionales serán incapaces de producir toda la comida necesaria. Por eso es necesario contar con la biotecnología. Tanto la biotecnología animal como la vegetal. Por eso los desarrollos biotecnológicos basados en plantas transgénicas, mejor adaptadas, más resistentes a plagas y sequía, con mayores índices de producción son tan relevantes (como puedes leer en los múltiples artículos de J.M. Mulet aquí en Naukas, en su blog «Tomates con Genes«). Por eso desarrollos biotecnológicos como el salmón transgénico AquAdvantage® son un ejemplo de como la ciencia permite también contribuir a solucionar el problema de la alimentación mundial que se nos viene encima.

Simplemente, hubiera estado bien que los beneficios derivados de la explotación del salmón transgénico AquAdvantage®, para la sociedad, para los consumidores y para la empresa productora, no hubieran tenido que hacerse esperar tantos años. Esperemos que el siguiente producto transgénico (o editado) animal destinado al consumo no tenga que esperar tantos años para llegar a nuestras mesas. Quiero decir, lamentablemente, a sus mesas, las mesas de los consumidores norteamericanos. Mientras tanto aquí en Europa seguiremos contentándonos leyendo las noticias que nos llegan desde el otro lado del Atlántico, y viendo pasar, una vez más, los trenes de la innovación, del progreso.

Trenes que van a toda velocidad y que, de momento, siguen sin tener parada en Europa.

NOTA: Una versión de este artículo ha sido publicada también en The Conversation el día 12 de julio de 2020. Una versión traducida al inglés de este artículo ha sido publicada también en Genetic Literay Project el día 27 de julio de 2020.



5 Comentarios

  1. Sí, Europa tiene los lobbies de los productores «ecológicos» alemanes y franceses… de ahí las pegas científicamente injustificadas que nos dejan atrás.

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