Veintitrés y yo (y el coronavirus)

Por Lluis Montoliu, el 8 abril, 2020. Categoría(s): diagnóstico genético • ética • genética ✎ 1
La empresa 23andme lanza una iniciativa para recabar de sus clientes su experiencia con la COVID-19. Ilustración: blog de 23andme

Hace unas semanas dediqué cuatro artículos de este blog sobre GEN-ÉTICA a comentar mi experiencia personal con la empresa de test genéticos directos al consumidor 23andme. Compartí los resultados que obtuve al participar como cliente en relación a mis ancestros, mi salud, mis características genéticas y mis familiares. Esta misma empresa acaba de lanzar un estudio genético con el que pretenden descubrir determinantes genéticos que expliquen por qué las personas infectadas por el coronavirus SARS-CoV-2, causante de la COVID-19, presentan tantas diferencias en el desarrollo clínico de esta enfermedad.  

Es evidente que no todas las personas se infectan por igual por este nuevo coronavirus. Ni, si se infectan, manifiestan los mismos síntomas clínicos, ni con la misma severidad. El rango de respuestas va desde las personas totalmente asintomáticas, que a pesar de tener y replicar el virus en su cuerpo este no les causa problema alguno, a las personas que desarrollan un cuadro clínico con déficit respiratorio y respuesta anti-inflamatoria exacerbada que requiere internamiento hospitalario, traslado a unidades de cuidados intensivos y puede tener consecuencias fatales, con el fallecimiento del individuo. Parece que infectan o enferman más hombres que mujeres, que afecta más a personas de edad avanzada, que los niños no suelen padecer síntomas y numerosas otras características epidemiológicas que van acumulándose a medida que pueden analizarse grandes grupos de pacientes afectados, como este estudio que analizó más de 25.000 casos en China.

Antonio Martínez Ron explicaba en un artículo reciente en Next los objetivos de numerosos proyectos de investigación nacionales e internacionales, encaminados a descubrir qué variantes genéticas entre individuos podrían ser responsables de esta respuesta diferencial y de esta diversidad en la severidad de los síntomas. Uno de estos primeros proyectos, iniciado desde Finlandia (The COVID-19 Host Genetics Initiative) reportaba que había logrado reunir más de 180 participantes, dispuestos a aportar los datos de sus pacientes. Es probable que la suma de todos los pacientes / individuos participantes llegue a ser del orden de miles o, en el mejor de los casos, de decenas de miles o, quizá de centenares de miles de casos, distribuidos en un abanico de instituciones, países, hospitales, con probables problemas para compartir datos personales debido a las legislaciones sobre privacidad de datos que aplican en la mayoría de países, principalmente en Europa, con el RGPD, en vigor desde mayo de 2018. Otro de los estudios que recoge el artículo de Martínez Ron es el de investigadores españoles del CEGEN y del CIBERER que unirán sus fuerzas para conseguir 8,000 pacientes sobre los cuales realizar los análisis de asociación de genoma completo (GWAS). O la iniciativa alemana en la que participa la empresa española TellmeGen, que pretende analizar entre 1,000 y 5,000 pacientes.

En el otro extremo de la gráfica tenemos el número de participantes/clientes que tienen las empresas privadas de análisis genéticos directos al consumidor. La empresa 23andme tiene más de 10 millones de clientes. Este número es, por lo menos, dos órdenes de magnitud mayor que cualquier consorcio científico internacional. Solamente que un 10% de sus clientes acepten participar en este estudio sobre COVID-19 ya tendrán datos de 1 millón de personas. Y es más que probable que el porcentaje de participación sea muy superior, dado que los clientes de este tipo de empresas son abiertamente favorables a compartir sus datos, a permitir que se usen en proyectos de investigación, a conceder autorizaciones para que sus datos genéticos sirvan para encontrar posibles causas genéticas de enfermedades o para explicar la susceptibilidad diferencial a ser infectado por el coronavirus SARS-CoV-2 o para predecir la severidad de los síntomas que se padecerán asociados a la COVID-19. Hoy en día, son estas empresas las que tienen un mayor volumen de datos genéticos de muchas personas. Empresas como 23andme y otras como ella, en el campo de los test genéticos directos al consumidor, o en el área de búsqueda de familiares y ancestros, con servicios muy populares en EE.UU. donde estas empresas obtienen la mayoría de sus clientes. Hay que recordar que el chip de ADN que usa 23andme es capaz de recoger información sobre unas 650.000 posiciones (SNPs, polimorfismos) en el genoma de cada uno de los clientes.

Ejemplo de resultados obtenidos tras un análisis por GWAS. Estos gráfico se llaman «Manhattan-Plot» y señalan qué zonas de qué cromosoma están asociadas con una mayor probabilidad a un determinado síntoma, enfermedad o característica. Gráfíco obtenido de El.lipse web, y reportado en esta publicación.

El estudio de 23andme está planteado para enrolar a personas que hayan pasado la COVID-19 y quienes no, y además tienen pensado realizarlo de forma longitudinal, en el tiempo, recontactando mensualmente a los participantes que acepten aportar sus datos para recabar cualquier cambio en su salud o estado de infección relativo a la COVID-19. La participación en los estudios de investigación que lanza 23andme es relativamente sencilla. Simplemente hay que responder a una serie de preguntas sobre la característica genética o estado de salud en cuestión, adicionales a los datos de salud que la empresa solicita a sus clientes, y que estos suelen aceptar compartir voluntariamente. No hay que hacer mucho más, pues tus datos genéticos como cliente, y los datos de salud generales que has decidido compartir, ya los tiene la empresa y tú (si quieres, debes aceptar hacerlo) ya les has autorizado a usar esos datos en los análisis genéticos posteriores.

En mi condición de cliente de 23andme he accedido a mi perfil para intentar descubrir más información sobre este estudio COVID-19 pero no lo he logrado. De momento este estudio solamente está limitado a clientes de la empresa de EE.UU., que son la inmensa mayoría. En proporción relativa somos muchos menos los clientes europeos, que no participaremos en estos análisis. Según este artículo en Wired los datos que 23andme pide a los participantes en este estudio COVID-19 tienen que ver con: localización geográfica (dónde viven), el tipo de acciones de distanciamiento social que han seguido, si han sido testados, diagnosticados o expuestos al SARS-CoV-2. Y los que confirmen ser positivos se les preguntará cuestiones relativas a la severidad de los síntomas que pueden haber manifestado y sobre su hospitalización.

Con todos estos datos 23andme abordará un análisis mediante GWAS, con el objetivo de identificar variantes genéticas que se asocien a distintos niveles de severidad en los síntomas de la COVID-19. Los investigadores de 23andme esperan encontrar la causa genética que predispone a algunas personas a desarrollar una COVID-19 mucho más grave que otras. La propia empresa ya anticipa algunas limitaciones del estudio, en particular si la pandemia remite y no logran enrolar suficientes personas infectadas por el coronavirus.

Resulta sorprendente constatar los problemas (logísticos, administrativos, de gestión de datos, privacidad, legislación…) y el enorme trabajo que deberán realizar los consorcios públicos nacionales e internacionales, pues en la práctica totalidad de los casos deberán empezar por obtener los genomas o el conjunto de polimorfismos genómicos de los pacientes participantes. Frente a esta complejidad de las iniciativas públicas, la aparente facilidad del estudio proyectado por 23andme, que ya no tienen que secuenciar nada pues ya tienen todos esos datos genéticos de más de 10 millones de personas, y solo confían que entre ellos haya un número significativo de personas infectadas, y un número igualmente significativo de personas de todos los tipos (asintomáticos, leves sin hospitalización, leves hospitalizados, graves, en cuidados intensivos…). Quizá sea esta la principal limitación de la apuesta de 23andme. No va a poder seleccionar pacientes (cosa que sí van a poder hacer los consorcios públicos), va a tener que contentarse con encontrarlos en la base de datos de sus clientes. Pero los números están de su parte. Con más de 10,000,000 de clientes es ciertamente esperable que sus predicciones se cumplan.

Será interesante ver cuál de las iniciativas logra detectar antes determinantes genéticos que expliquen estas diferencias en los síntomas y en la severidad de la COVID-19 en distintos pacientes. Estaremos atentos.

 

NOTA: No tengo ninguna relación comercial con las empresas a las que me refiero en este artículo, más allá de ser uno de los más de 10.000.000 de clientes que ha utilizado sus servicios para obtener información genética sobre su genoma. En este artículo ni aconsejo ni desaconsejo usar estas empresas, simplemente expongo mi opinión a partir de los resultados obtenidos y en función de otros comentarios y artículos publicados sobre este tema. Cada persona es por supuesto libre de decidir si quiere usar los servicios de estas empresas o no, tras leer este y otros muchos artículos similares que existen disponibles sobre esta temática.



1 Comentario

  1. Teniendo en cuenta la genética y el estudio que menciona usted, será muy interesante y de gran valor ver los resultados que se deriven de ello. No soy especialista en genética ni biólogo ni me dedico a la ciencia básica, si tengo experiencia en medicina clínica e investigación clínica, desde ese punto de vista y partiendo del hecho conocido que la relación de causalidad no es equivalente a correlación expongo mi comentario.
    Una enfermedad producida por un virus, independientemente de su patogenidad, depende de la cantidad de virus que entre en el organismo y de la respuesta inmunitaria que produce. Como es de suponer influye en su progresión infinidad de reacciones enzimáticas, fisiológicas, químicas, eléctricas, genéticas… todas ellas relacionadas por mecanismos de causalidad y retroalimentacion. Se debe tener en cuenta igualmente la participación del sistema inmunitario, dependiente, además del genoma, de diversos órganos y su función conjunta como respuesta a la agresión. No hace falta apuntar la inmensa complejidad que esto supone, que se manifiesta en lo que se denomina «respuesta individual», determinada asimismo por múltiples factores ambientales y de comportamiento.
    De forma muy simplificada y somera, con otras palabras, y reconociendo mi ignorancia me pregunto si todo ese titanico esfuerzo investigador sobre la condición genética y su relación con el covid-19 no será más que otra correlación estadística sobre la incidencia de un virus en el organismo de un ser humano (biológico) y dejemos de lado las inmumerables reacciones en cascada que produce esa incidencia.
    La condición genética determina todo tipo de respuestas pero estas a su vez también producen respuestas, es tal la complejidad de lo que queremos ver qué pienso que tener una visión de conjunto no pasa por señalar como respuesta a un solo eslabón.
    Por último y mencionando a un excelente físico, hallar una relación causal con la genética y la respuesta del organismo humano al covid-19 sólo será una más de la piezas del puzzle que queremos ver.

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