
Vivimos una época dorada de las técnicas de reproducción asistida. Regularmente aparecen en la literatura científica innovaciones tecnológicas, todavía experimentales, que permiten augurar una próxima evolución y traslado de estos avances a las clínicas de reproducción asistida humanas que ampliarán así su catálogo de técnicas ofertadas. Estos nuevos métodos (en general, todavía no aplicados en humanos, desarrollados in vitro, en el laboratorio, y/o en ratones) incluyen la obtención de óvulos a partir de células masculinas, o la conversión de espermatozoides para que se comporten como óvulos, tras inhibir el mecanismo de control que tenemos todos los mamíferos, denominado la impronta genómica, mediante la inactivación génica mediada por las herramientas CRISPR. Cualquiera de estas dos soluciones, por el momento solamente validadas en ratones, permitirían que parejas homosexuales, tanto masculinas como femeninas, pudieran tener descendencia que fuera genéticamente derivada de los dos miembros de la pareja. En la actualidad, las parejas homosexuales pueden tener descendencia pero sus hijos solo estarán relacionados biológicamente (genéticamente) con uno de los miembros de la pareja, el que aporte los espermatozoides (en el caso de parejas homosexuales masculinas) o los óvulos (en el caso de parejas homosexuales femeninas), dado que el óvulo o espermatozoide necesarios para completar la fecundación in vitro se obtienen, respectivamente, a partir de donantes, de terceros.
También se han desarrollado técnicas para evitar la transmisión de las temibles enfermedades mitocondriales, habitualmente catastróficas, con la estrategia de los tres padres (un padre y dos madres) y las dos versiones actualmente desarrolladas, todavía no aprobadas en muchos países, como España.
La última innovación conocida, que desarrollaré en este artículo, se la debemos al laboratorio del embriólogo Shoukhrat Mitalipov, de origen kazajo pero instalado en EE.UU. desde hace ya muchos años. Desde su laboratorio en Oregon (en la OHSU) ha sido capaz de innovar y presentar a la comunidad científica nuevos métodos de forma pionera. A Mitalipov le debemos que realizara el experimento de clonación de embriones humanos y establecimiento de las primeras líneas de células pluripotentes embrionarias humanas clonadas, en un trabajo publicado en 2013, confirmando que la propuesta era científica y técnicamente posible, tras la fraudulenta publicación, ya retractada, de este mismo experimento que supuestamente realizó el investigador Woo-Suk Hwang en 2004, nueve años antes. Mitalipov también ha sido pionero en desarrollar las técnicas de los tres padres para impedir la aparición de las terribles enfermedades mitocondriales, que se heredan por via materna. A él le debemos el desarrollo de la técnica de transferencia de la placa metafásica del óvulo materno afectado por mitocondrias con mutaciones a un óvulo enucleado de otra mujer sana, experimento que Mitalipov validó en 2009 en primates no humanos, dando pie al traslado de estas técnicas a los seres humanos. Por lo tanto estamos ante un gran y reconocido experto en embriología capaz de ir mucho más lejos científica y técnicamente en los métodos de reproducción asistida.
De forma resumida, lo que nos plantea Mitalipov en su última publicación en la revista Nature Communications es la obtención de óvulos a partir de cualquier célula somática, a partir de cualquier célula de nuestro cuerpo, lo cual requiere una explicación pormenorizada. Mitalipov persigue proporcionar una estrategia adicional para obtener óvulos que puedan usarse posteriormente en procedimientos de reproducción asistida (FIV, fecundación in vitro; o ICSI, inyección intracitoplasmática de esperma) para dar lugar a embriones que puedan gestarse a término, dando paso a la obtención de descendencia en mujeres que no puedan producir sus propios óvulos, ni quieran usar óvulos de otras donantes, y como método alternativo a la diferenciación hacia oocitos, in vitro, en el laboratorio, a partir de células troncales pluripotentes, bien de origien embrionario o inducidas (iPS), técnica ya validada en ratones pero todavía experimental en células humanas.

La técnica que propone Mitalipov recibe el nombre de mitomeiosis, y está descrita en la publicación y en el gráfico que he incluido en la cabecera de este artículo. Las hembras de mamíferos generalmente ovulan oocitos detenidos en metafase II de la meiosis. Eso ocurre también en nuestra especie, en las mujeres. Mitalipov propone enuclear la placa metafásica y substituirla por el núcleo de cualquier célula del cuerpo, en fase G1 del ciclo celular. Las células de nuestro cuerpo (somáticas) tienen dos copias de cada cromosoma. Nuestra especie tiene 23 cromosomas, que es nuestro número «n», nuestras células tienen 46 (2n) cromosomas. Y cuando se dividen, mediante mitosis, primero duplican todos los cromosomas (46–>92) para que posteriormente las dos células hijas hereden el número correcto de cromosomas, 2 x 23 = 46 cromosomas cada una. La excepción a este proceso de mitosis la encontramos en las células germinales, en la oogénesis (generación de óvulos) y la espermatogénesis (generación de espermatozoides). En estos linajes celulares se activa un proceso distinto, llamado meiosis, con el que se consigue reducir a la mitad el número de cromosomas (46–>23), tanto en óvulos como en espermatozoides, lo cual garantiza que, tras la fecundación, se restaure (23 + 23 = 46) el número correcto de cromosomas de las células del embrión resultante. Adicionalmente, durante la meiosis se producen intercambios de material genético entre los cromosomas homólogos (del mismo par) que son la fuente de variabilidad genética y diversidad sobre la cual actúa la selección natural para que las especies evolucionen.

Con la técnica de mitomeiosis, Mitalipov consigue que un oocito humano ovulado no fecundado y enucleado, sin placa metafásica, reciba el núcleo de una célula somática, de cualquier parte del cuerpo. La introducción de este núcleo se hace mediante la técnica de SCNT, utilizada en los experimentos de clonación, y que conocimos con el nacimiento de la oveja Dolly, el primer mamífero clonado a partir de una célula adulta. Naturalmente ese núcleo de una célula somática es 2n (tiene el número correcto de cromosomas de la especie, 46 en nuestro caso) y, si se implantara ese embrión así reconstituido nacería (en el mejor de los casos) una persona clonada, lo cual es ilegal en la mayoría de países, firmantes del convenio de Oviedo (1997), además de ser científicamente imprudente y éticamente inaceptable.
Por lo tanto, Mitalipov debe solucionar ese problema. Debe reducir el número de cromosomas de este embrión reconstituido a la mitad (46–>23). Para ello utiliza sus conocimientos en embriología y ciclo celular para inhibir una determinada ciclina (una de las proteínas que regulan el ciclo celular) con una molécula inhibidora (roscovitina), lo cual saca al óvulo reconstituido de su parada y se promueve la extrusión de la mitad de los cromosomas en un segundo corpúsculo polar. Y ahora sí. El óvulo resultante ya tiene 23 cromosomas y puede ser usado para ser fertilizado mediante fecundción in vitro o, como utilizan en el artículo, mediante ICSI (inyección intracitoplasmática de esperma). El proceso da lugar a un embrión que puede desarrollarse normalmente hasta blastocisto, momento en el cual los investigadores detienen el experimento y no implantan estos embriones. Pero lo que sí han demostrado es ser capaces de producir óvulos con esta nueva técnica a partir de cualquier célula del cuerpo.
Esto es un avance espectacular y muy significativo en reproducción asistida que quizá se convierta en un procedimiento autorizado más en estas clínicas, cuando se valide su seguridad y eficacia. En el trabajo publicado los autores describen que la eficiencia del proceso es del 9%, este es el porcentaje de óvulos reconstruidos y fecundados que logra continuar el desarrollo embrionario hasta blastocisto con un número correcto de cromosomas. Los propios autores del trabajo reconocen que este experimento es una prueba de concepto, en el que demuestran que su nueva estrategia experimental es posible, pero todavía queda bastante para optimizar este método y validarlo, para que pueda llegar a ofertarse como nuevo servicio del catálogo de procedimientos de cualquier clínica de reproducción asistida humana. Paciencia, pero esperanza.

